sábado, 25 de agosto de 2007

FEDERICO FERNANDEZ: Aladdin y sus hoteles maravillosos


Mayerling Urdaneta, Miss Playboy TV Venezuela 2003, se sienta derechita en la orilla de la cama. El aireado vestido blanco que reposa sobre sus 64 kilos y los 96 centímetro de su bronceado pecho, no le permite mayores acrobacias. Federico Fernández se desliza a su lado, apenas orientado por la tibieza algo húmeda del aire. Desde el filo del mullido edredón de plumas, bajo tules escarlata y una cúpula que se abre a la noche casi terminada, echan un vistazo a la piscina, sobre cuya mansedumbre flotan velas y pétalos de rosas. A ratos son estremecidos por intensas ráfagas de aceites aromáticos, esencias, pero sobre todo, por los misteriosos efluvios que perpetúa el sexo. Tras ellos hay un baño de vapor y una ducha con puertas transparentes. El decorado es árabe, las lámparas y los tapetes suntuosos como los de un palacio lejano. Están en la habitación bautizada como Aladdin, la presidencial, de dos niveles, la que cuesta trescientos mil bolívares las primeras seis horas.
De pronto, la sensualidad del fantasioso paraje es aderezada por un par de morenas que emprenden la danza del vientre al ritmo de una música a estruendoso volumen. Mayerling y Federico, sentados aún en las comisuras del tibio tálamo, se miran, susurran unas pocas frases y sonríen. Una docena de flashes les disparan sin misericordia. Toda la prensa local y nacional está allí, la televisión, las revistas más fashion, incontables curiosos que han sido convidados a la gran inauguración del Hotel Aladdin en Maracaibo. Es el 31 de octubre del año 2003. Los periodistas, wiskey en mano, han hecho un recorrido por las suites más exquisitas del nuevo vástago de la cadena hotelera —la japonesa, la africana, la que tiene una copa de champagne por jacuzzi— y han terminado con la boca hecha agua en el aposento VIP. Allí, el plato fuerte es el guapísimo y joven director de los hoteles y la Miss Playboy, con su 173 centímetros de estatura.
La gala entusiasma a los invitados con todo un repertorio de seducción: sushi, platillos árabes, música, pipas de agua, obsequios, una noche de estreno y personajillos de aquiladata farándula como Luis Chataing. Pero la Miss Playboy de 27 años acapara la atención envidiosa de todas las féminas y las obscenas miradas de cada uno de los machos presentes. Federico Fernández no se despega ni un segundo de ella, musa y gancho publicitario de la ocasión. Por casualidad —aunque su nombre intraducible y su apellido de prócer lo anticipen— Mayerling Urdaneta es maracucha. Fue contratada especialmente para emperifollar el evento luego de que el canal de televisión Playboy hiciera un programa sobre los Hoteles Aladdin que saldrá al aire el próximo verano. La Miss Playboy TV Venezuela 2003 hizo un resquicio en la agenda que la había llevado a Roma y tras un enrevesado itinerario —jet lag incluido— consiguió llegar a Maiquetía ese mismo día en la tarde. Una de las avionetas de Fernández la trasladó al terruño. Luego, terminada la faena inaugural, trabajó durante un mes para Aladdin, lo que incluyó una sesión fotográfica en Los Roques. El chisme del ardiente escarceo amoroso entre ambos, sin duda, estaba servido.
Pero Federico Fernández lo niega todo y hasta se sonroja como un párvulo cuando le sugieren que a sus 44 años, con porte y fortuna, ha de ser un soltero muy codiciado. “Con el diez por ciento de las fantasías que las personas se hacen sobre mí, yo tendría el día bastante ocupado. Se parte de que siempre la vida de los demás es mucho mejor que la de uno. Mayerling estaba en su trabajo y yo en el mío. Su tarea era ser una especie de Publicity Stand y la mía accionar aquel hotel. Pero la gente piensa que porque esta niña se quedó en nuestro hotel y fuimos a Los Roques pasó de todo, que vivíamos en una sola rumba. La imaginación de la gente es algo que me hace gracia porque, por supuesto, tú les dices lo que quieren oír, pero si les dices que es mentira, no te creen. Es preferible callar y dejar que se lo imaginen todo”.

Hay indicios de que Federico José Fernández Machado es lo que él dice y no lo que los demás creen. Pero ser uno de los inventores y amos de la cadena de hoteles de alta rotación más famosa del país —Aladdin es la empresa hotelera con mayor crecimiento en Venezuela en los últimos 10 años, atienden a 1,5 millones de personas anualmente en siete hoteles ubicados en Caracas, Maracaibo, Valencia, Puerto la Cruz, San Diego y Barquisimeto— sin duda no permite adivinar su voz bajísima, sus gestos acompasados, sus anhelos sofisticados. Tampoco sus atuendos de última moda, su figura atlética y una cierta actitud de vencedor, dejan vislumbrar el soñador empedernido que hay en él.
La idea de que Fernández vive de propiciar el amancebamiento ajeno en lugares medio clandestinos y afrodisíacos —algunas de las habitaciones incluyen champaña, bombones, rosas, velas y fresas con chocolates, con la precisa promesa de “magia, sensualidad y misterio”—, le infunde una imagen perturbadora entre mujeres, colegas y amigos. Pero él ha sabido esquivar los comentarios que considera discriminatorios —sobre todo en el pacato ambiente valenciano, donde tiene su centro de operaciones— con el argumento de que lo suyo es un negocio rentable, con los mismos problemas financieros de cualquier empresa. “Sobre todo en Venezuela las personas toman el tema de Aladdin, de los moteles, como el eje central o el chiste de la conversación. Por lo menos al principio. Pero yo he aprendido a maniobrar y poner el tema en su lugar. Eso, sin duda, tiene que ver con el enfoque que antes se le daba a este tipo de hoteles, por lo general creados por inmigrantes que se mantenían a muy bajo perfil y no tenían necesidad de defenderse socialmente. Yo, desde el comienzo, vi el asunto como una empresa que iba a crecer, a tener sucursales, un nombre, mercadeo. La gente me caía encima con la parte del bonche de fin de semana y yo manejaba mis cosas corporativamente. No me da ninguna vergüenza decir en qué trabajo. Recuerdo que un día estaba en un matrimonio en Valencia y empezaron a jugar con el tema. Alguien trató de menospreciar el negocio, de hacer un comentario peyorativo. Solo respondí que yo vendía un servicio, que alquilo habitaciones y que no es problema mío lo que se haga dentro de ellas. Para colmo el hermano de la novia me preguntó, delante de un grupo de personas conocidas, si le iba a regalar una habitación a la novia. Tuve que responder que le iba a dar la misma donde él iba con su pareja todos los jueves en la noche. ¿Me imagino que si es buena para ti, es buena para tu hermana?, le asesté”.
Cree en los controles de calidad, por eso a veces duerme en sus propios hoteles.“Tengo que ver si todo está bien, si las instalaciones funcionan. Si no pruebas el producto que vendes, no sabes a qué sabe. Pero mucha gente piensa que vivo en un solo bonche dentro del hotel. No entienden que tengo cuatrocientos empleados con cuatro ojos, ochenta por ciento de los cuales son mujeres. Claro, también voy por gusto y bonche. Todo en la vida no puede ser trabajo”.

De todas maneras Federico Fernández es un acertijo. No en vano lo llaman por ahí Aladino, como el del cuento de Las Mil y una noches, que halló una lámpara mágica y pidió deseos. Su vida parece una aventura narrada por una Sherezade postmoderna incapaz de seguirle el trote a un infatigable personaje. Y es que Fernández, cosmopolita hasta los tuétanos, suerte de James Bond del nuevo milenio, es un hombre hiperquinético, que duerme poco, juega fútbol todos los fines de semana, no fuma, maneja sus propios aviones, carros, lanchas y motos ultimísimo modelo y le apetecen los deportes extremos, sobre todo el novedoso kitesurf, que al fusionar la adrenalina del wakeboard y del windsurf permite alcanzar una velocidad de hasta 80 kilómetros por hora y dar saltos de diez metros de alto. Lo suyo es la tecnología de punta, lo más in. Es capaz de dar la vuelta al mundo para buscar aquello que se le ha metido en la cabeza. No se detiene ante las negativas. En el trabajo es obseso y hasta delirante. Su lema pareciera ser “todo se puede”.
Nació en marzo de 1960 en San Juan de los Cayos, estado Falcón, un diminuto pueblo pesquero ubicado a cuarenta minutos de Chichiriviche. Su madre, Bety Machado, oriunda de Mene de la Costa, trabajó algunos años con los ingleses atraídos a la zona por el hallazgo petrolero. Luego, cuando el capital gringo espantó a los ingleses, se mudó a San Juan de los Cayos, donde conoció al padre, José Fernández, un prestamista que compraba cosechas de coca —como se le llama a la parte suave dentro del coco— de la que, al secarse, se produce aceite. Los Fernández adquirían la producción de la zona y la vendían a través de una pequeña flotilla de camiones de su propiedad. El abuelo materno, mientras trabajó en la empresa petrolera, fue asistente de médico, después tuvo una farmacia, y llegó a ser presidente del Concejo Municipal en los primeros suspiros de la democracia. Por su parte, el abuelo paterno fue Registrador del pueblo.
El padre nunca hubiera querido abandonar la tranquila vastedad marina que arropaba a la familia. Pero la madre, que por su roce con forasteros se había asomado a la anchura del mundo, quiso emigrar a la ciudad. En 1970 se mudaron a Valencia, donde el futuro galán siguió ostentando una vida a la intemperie, llena de deporte y hazañas callejeras, como en el lar natal. Estudió en un colegio de curas españoles y en 1977, con apenas 16 primaveras, partió hacia la ciudad estadounidense de Pittsburg. Su hermano mayor —son tres varones y una hembra— se había ido al norte gracias a un intercambio estudiantil y la familia adoptiva de este invitó a Federico a concluir allá el High School, acogiéndolo como un hijo. Luego, aupado por la visionaria y pujante parentela, ingresó a la Universidad de Pittsburg, donde estudió Administración y Mercadeo e hizo un master en Ingeniería Industrial y Finanzas.
Ocho años después, ya echo un musiú, con acento y todo, volvió al país. Su familia, que había saltado al ramo de la construcción, lo envío a San Juan de los Cayos a administrar una ferretería. “La transición en los primeros meses fue muy fuerte. Salir de Pittsburg a San Juan de los Cayos era como retroceder cien años. Tuve una vida tan progresiva, tan estresante y acelerada de Pittsburg, que me fue muy complicado retomar la vida de provincia. Me acostumbré porque ya desde entonces viajaba mucho al interior. Sin embargo, muchas veces quise regresarme a Pittsburg. Todavía a veces pienso en Estados Unidos como una posibilidad”.
Tras separarse del negocio familiar por unos cuatro años y trabajar por su cuenta en vialidad agrícola, volvió con mas ímpetu al regazo e impuso su sabihondez. “No se estilaba en esa época, pero empezamos a meterle tecnología a la empresa de distribución de cemento, que ya era el Grupo Fernández. La empresa creció diez veces en cuatro años, abrimos otras empresas, hicimos contratos con el gobierno”.
El negocio hotelero arrancó en 1985 cuando el Grupo Fernández fue invitado por otros tres socios a construir y administrar en Valencia el hotel El Castillito —también de alta rotación—. “No conocíamos el negocio. Mi hermano y yo no creíamos en los números que nos prometían. Por eso hicimos nuestro propio estudio de mercadeo: nos parábamos frente a uno de esos hoteles a medianoche, contábamos, y nos sorprendíamos. Fuimos viendo entonces la rentabilidad y decidimos asociarnos para El Castillito, diseñado por el mismo arquitecto del Big Low Center. Ese hotel fue el más exitoso del grupo en toda la historia, porque por primera vez se ofrecieron supuestos ‘lujos’ dentro de las habitaciones: televisor a color, aire acondicionado y secadores de pelo”.
A fines de la década de los ochenta el Grupo —su bitacora sumaba ya media docena de hoteles— con la participación siempre glamorosa y ambiciosa de Federico —los hermanos y el padre prefieren el bajo perfil—, comenzó a asistir a ferias hoteleras alrededor del mundo, donde se empapaban de distintas influencias, entendiendo que la competencia se hacía más fuerte y la diferenciación necesaria. Brasil, siempre a la vanguardia en materia erótica, aportó por esa época ideas fundamentales como el baño de vapor y la noche de bodas, cuando la usanza conducía a los novios a suites ejecutivas de hoteles cinco estrellas.
Alrededor de 1993, con la idea de que fuera uno más del lucrativo rosario, construyen el primer Hotel Aladdin. Pero la introducción de arquitectura y decoración árabe —con fantasías inspiradas en el frenesí de Las Vegas— propinó un éxito tal que decidieron dar continuidad al nombre y experimentar con mayor desenfado en las próximas sucursales.
Al erigir el segundo hotel Aladdin en Barquisimeto, el arquitecto quiso introducir en todas las habitaciones el llamado “burrito” o “silla”, un artefacto alfombrado de origen romano que incentiva a la variedad de maromas sexuales. El socio francés de los Fernández prohibió el artilugio, pero el arquitecto, descorazonado —y adorador empedernido de lo exótico—, dejó uno en la Suite Este del hotel. “Poco después de abierto el hotel recibí una llamada del gerente para explicarme que había gente esperando por la Suite Este. Yo no entendía, decía que todas eran iguales. No me acordaba de que el bendito aparato estaba ahí. Eso hizo que instaláramos ‘burritos’ en todas las habitaciones de los otros hoteles”.
La sofisticación de los hoteles Aladdin comenzó hace unos cinco años con la construcción de la sucursal de Caracas, situada en la avenida Guaicaipuro de El Rosal. Sin embargo, fue el proyecto del Aladdin Maracaibo el que desentrampó la imaginación de Fernández y lo condujo a tomar ideas de las empresas hoteleras más sofisticadas del mundo como son el Grupo Aman (Amanjena) en África, Design Hotels (Europa), Península (Asia) y W Hotels (Estados Unidos). La sed de innovación acabó llevando a Fernández a África y Oriente. “No teníamos porqué seguir adquiriendo imitaciones. Nuestro proveedor de Miami —un judío venezolano casado con una correligionaria de Casablanca— me acompañó a Marruecos, me llevó al mercado, a los proveedores. Luego yo solo fui a China e India”.
Para el nido maracucho adquirió maravillas. Las habitaciones, todas diferentes, muestran ambientaciones temáticas propias de China, Japón, África, Tailandia y Marruecos, decoradas con objetos, lámparas artesanales, alfombras pintadas con hena y accesorios importados directamente de esos países. Asimismo, hacen gala de lencería importada, pisos de mármol, productos de tocador de marca, equipos de sonido y televisión de alta tecnología.
Pero más exótico que adquirir afeites de lejanas tierras fue para el proveedor marroquí embarcar su mercancía rumbo al fin del mundo. De hecho, cuando el container de cuarenta pies de largo salió de Marruecos vía marítima, Fernández recibió una llamada desde Marrakech: no sabían dónde estaba Maracaibo. Debió pedir al capitán que buscara un mapa y explicarle la ubicación de la ciudad y del lago que hasta el pirata Sir Henry Morgan halló en 1669.
Los planes inmediatos de los Hoteles Aladdin —además de adueñarse de cinco estrellas para sus refugios— son internacionales. Abrirán sucursales en Madrid y la más inmediata en Miami —ubicada en South Royal Poinciana Boulevard, cerca del aeropuerto—, un hotel tipo boutique de ocho mil metros cuadrados y 53 suites, con una inversión de nueve millones de dólares.

La apertura de un Hotel Aladdin nunca ha sido un deseo cumplido con instantaneidad como los del genio de la lámpara. Mil y un vericuetos burocráticos deben ser superados. En Caracas, por ejemplo, la permisología aprobada durante la gestión de Irene Saéz, alcaldesa de Chacao, fue echada por la borda apenas llegó su sucesor, Leopoldo López. Fernández admite que el asunto tiene que ver con el enredijo moral que genera su negocio. Incluso cuando el hotel comenzó su osada campaña publicitaria —la que decía “Matador” y “¿Papaya?”— y quiso colocar una gran valla en su fachada, la Alcaldía de Chacao, atendiendo el pedido de una cofradía de pudorosas damas del municipio, se negó y el propio Leopoldo López la arrancó con sus manos. “En esa época él era medio Rambo”, acota Fernández con picardía, recordando que en el cine también se armó un lío cuando el circuito de Cines Unidos se equivocó y proyectó la propaganda antes de una cinta de Disney.
Fernández acota: “Le ganamos a la Alcaldía de Chacao los dos juicios que abrimos. Pero la valla tenía un amparo y cuando se venció la quitaron. De ahí seguimos adelante, llegamos a un acuerdo porque estamos haciendo otro hotel en El Rosal, que será más tipo boutique — sin patrones de repetición y atención individual— y que abrirá en un par de meses. Solicitamos el uso de la calle y como contraprestación pidieron que les construyéramos y donáramos una plaza igualita a una que la arquitecto de la Alcaldía había visto en New York, en la 53, entre la Quinta y Madisson, entre dos grandes moles de concreto. Incluso en un viaje a New York le tomamos fotos a la plaza”.
Acostumbrado al suplicio mítico de Sísifo, reconoce que sus proyectos hoteleros son polémicos, pero hace énfasis en que no le gusta hacer cosas a escondidas. La erección del hotel de Maracaibo también encontró tropezones. Hace diez años quisieron hacer un Aladdin en la avenida Milagro Norte —muy cerca de donde pronto será inaugurado el Centro Comercial Sambil— pero los vecinos, sacerdotes italianos del colegio Rosmini, se opusieron y el alcalde Fernando Chumaceiro no aprobó los trámites. “También ganamos el juicio, pero no pudimos construir el hotel. Perdimos la inversión y nos tocó hacer unos apartamentos en el terreno. La obra entonces fue posible años después porque el propio alcalde Gian Carlo Di Martino, cuando vio el proyecto de Caracas, nos llamó y nos pidió que invirtiéramos en Maracaibo. Él quería que fuera menos motel e hicimos los cambios necesarios. Puedo decir que la alcaldía que más apoyo nos ha dado en la historia de los hoteles Aladdin, ha sido la de Maracaibo, sin pedir mucho a cambio. En el momento en que compramos los terrenos nos solicitó dos canchas múltiples para los colegios cercanos al hotel”.
No pocas lenguas viperinas asoman que el padre del alcalde Di Martino sería uno de los socios del Aladdin y que una protesta que recientemente se diera en las adyacencias del hotel obedecería no al rechazo de los vecinos, sino al clarísimo enfrentamiento que existe entre el gobernador del Estado, Manuel Rosales, y el alcalde neochavista Di Martino. Fernández, curtido en materia de chismes, admite que dado que los dos políticos ya no pertenecen al mismo bando, el hotel ha quedado atravesado en medio de la polvareda, dando la impresión de ser un proyecto del alcalde.
El embrollo que generan los Aladdin no concluye con el inicio de las operaciones. Estos hoteles —como tantos otros de oscuras carreteras— son blanco de la suspicacia. Allí confluye lo mas encumbrado y soterrado del país. Uno se pregunta cuántos políticos, cuantos militares, cuánto personaje de cuello blanco van a parar con sus amantes de turno a los hechiceros camastrones del Aladdin. Y cuántas esposas de ocupados protagonistas del jet set criollo se asomarán allí con lentes oscuros. De nuevo la sonrisa de Fernández intenta disimular lo que es obvio, pero en esto, sobre todo, es tajante: “La confidencialidad es nuestro fundamental principio. No nos importa, no nos preocupa el nombre del usuario. Eso es vida privada, que es sagrado”.

El penth house de Federico Fernández en las cumbres valencianas —el dique de Guataparo parece, a lo lejos, un oasis suizo— es un muestrario elegante y bien puesto de casi todo lo que hay en sus hoteles. Muchos rudimentos eróticos fueron probados allí antes de llevarse a las edificaciones, como el jacuzzi para ocho personas y el baño de vapor. La decoración es tan movediza como los antojos de su dueño. Tras cada viaje el escenario muda de piel.
En la sala, además de tres piezas de Jesús Soto y un par de sillas Le Corbusier, hay una cama china —en vez de sofá—, flores por doquier, unas máscaras asiáticas y un penetrante olor a sándalo. El comedor es de la firma italiana Cassina, pero él —en contra de su asesor decorativo— sustituyó las sillas de las cabeceras por unos inmensos tronos marroquíes. En el piso superior, su habitación —en una esquina relumbra un chaisse long Le Corbusier— gira en torno a una inmensa cama marroquí, tallada a mano, en cuyo centro, acomodado con sumo cuidado, está un muñeco de peluche. “Ese lo puso mi novia”, aclara antes de cualquier comentario, sin añadir mayores pistas sobre la fémina que le ataja el corazón por estos días.
Pero lo que más habla de Federico Fernández es su estudio, aunque a todas luces se ve que tiene poco trajín. Frente al escritorio, de pared a pared, hay un mapamundi. Él lo muestra con ansiedad, sus dedos se detienen en Oriente, como si fuera un juego de ouija. Señala los muchos lugares donde ha estado, aquellos a los que le gustaría ir, y Camboya, su próximo destino, donde ya tiene reservaciones en el exclusivo hotel Amansar del grupo Aman Resorts.
“Mi vida ha mejorado y evolucionado durante los años en los que he estado en este negocio. Siempre soñé con cosas que ahora estoy pudiendo hacer realidad, como caminar por les Champs Eliseé tomando vino con mi novia o conocer Asia. Siempre soñé con visitar Japón. Ahora que el negocio ha evolucionado al punto de que mis excentricidades son necesidades o fantasías de mis clientes, aprovecho la oportunidad de conocer esos sitios y viajar en plan de negocios”.
Fernández no cree en vidas anteriores —es católico, va a misa al menos una vez al mes—, pero dice que su atracción por las culturas orientales es algo inexplicable. “Probablemente, muchas de esas influencias vienen de haber vivido tanto tiempo afuera. Me encantaría conocer un poco más a profundidad Vietnam, China. Lo que más me atrae son las diferencias culturales. Estuve hace poco en Beirut, me impresionó la convivencia que se da allí entre católicos y musulmanes, muchachas en minifalda y mujeres con burka. Oriente ha contribuido a bajar mi enorme nivel de ansiedad, me ha dado un poco más de seguridad, me ha enseñado que si quieres hacer cosas nuevas, tienes que tener un poco de flexibilidad en parámetros de tiempo. Mi estilo de trabajo anterior iba a hacer que mi desgaste fuese mucho mayor, y para lograr los mismos objetivos que obtengo ahora”.
La fascinación por Oriente se deja sentir también en su cocina. Le encanta la comida japonesa, china y por estos días la thai. Y no va muy lejos para degustarla. No cocina, pero Ana —colombiana de pura cepa que ha trabajado con su familia desde siempre— la zurce en su propios fogones gracias a que él la envía con frecuencia a Caracas a tomar cursos con los mejores chefs. En cada uno de los entrenamientos ofrecidos a los cocineros de los hoteles, ella participa como una más del clan.
Fernández se reconoce rara avis, y aunque lo disfruta no se pavonea demasiado de ello. Intuye los caminos que conducen con garbo de la frivolidad a la espesura emocional. Le gustaría, dice, envejecer en alguno de esos sitios de Oriente que aún no conoce, pero, por ahora, no piensa sino en vivir en la comarca. “Me gusta la intensidad con la que vivo. Quiero vivir a lo máximo. Aunque me cuesta mucho quedarme en un solo sitio por mucho tiempo, mientras tenga la posibilidad de vivir en Venezuela lo haré, por las condiciones que tengo, por mi familia, mis amigos. Pienso que las raíces son las que me dan la fortaleza. Venir de San Juan de los Cayos, haber evolucionado, haberme educado, me da una gama muy amplia de herramientas. Sé lo que son los principios, sé lo que es la humildad de un pueblo pesquero. Eso me hace un poco menos prepotente. A pesar de lo que digan. A pesar de que mis negocios sean hoteles de estancias cortas”.


©Jacqueline Goldberg
Publicado en la revista Exceso en 2003.

2 comentarios:

David dijo...

Como soy de viajar mucho me gusta encontrar datos acerca de los hoteles en distintas ciudades del mundo. En este momento estaba buscando sobre la oferta
hotelera en Miami
para poder disfrutar de las playas de Miami

Julian mu dijo...

sabes, estudie en el colegio calasanz con tu hermano juan jose miserable esto que aparece aqui es muy bello depinga, pero existe un trasfondo tu papa miserable le quito tierras a centenares de campesinos en toda la costa de falcon como prestamista incluso esta amenazado de muerte (si es que esta vivo todavia) ya que en el tocuyo se quedo con una finca de 200 mil hectareas por emprestar 5 mil bolivares a un viejo y al dia siguiente se la quito, tu hermana jackelin fernandez abogada complice con los federico(joseito) fernandez y el patriarca estafador prestamista miserable arruino a miles de familias en valencia,caracas,maracaibo y falcon especialmente en san juan de los cayos,donde tuvistes que huir y perderte a los estados unidos por problemas de amenazas y tu hermano igual tu mama es la mas sana del clan y bastante dolor de cabeza que tu papa jose angel fernandez le montaba cachos, cuernos con chicas jovenes de la costa tocuyo de costa por dinero,para salvar a sus abuelos y familiares de enfermedades, es tanta la veracidad de lo que hablo que tu papa tuvo que irse de san juan de los cayos una temporada porque los hijos de muchas personas ancianas con terrenos y casas en la zona tu papa se las quitaba y se aprovechaba de que esa gente no sabia ni leer ni escribir pero tenian tierras de sus visabuelos tu padre andaba con guardaespaldas porque le hiban a cortar la cabeza a punta de machetazos, vivias en una quinta detras de maxis en valencia de esquina muy cerca del shopping center, y la cruz roja, todo se lo debes al mafioso de tu papa,eso la fortuna que tienes es a costa de ser textaferros de la droga te hecharon de los estados unidos por dejar embarazada a una chica joven en los años 80 eso que te graduastes ufff y lo sabes fernandez (Joseito) eso de federico no es asi tu eres joseito fernandez y tu hermano juan jose y tu hermana jackelim por cierto el mismo nombre de la casa en san juan de los cayos tuvistes una lancha te acuerdas que tu papa te compro. tu papa se dedico a construir casas en san juan de los cayos fue el pionero en terrenos quitados a pobre gente por unos bolivares cagaos y hipotecaban los terrenos al banco y fabricaban asi empezo tu mierda padre tu papa se lleno de tierras fincas haciendas de coco que incluso tu tio cerca del la estacion de servicios en san juan tenia los depositos tu me vas a decir que vendiendo cocos tuvistes bueno tu papa la fortuna que llego a tener ah explicame eso joseito? asi que ahora no vengas con el cuento que los hoteles castillito y aladdin, la verdad del hotel castillito es que tu hermana la embargo por un prestamo que tu papa le dio a aquel dueño un español por cierto que ya murio y asi tu papa se hizo poco a poco con el imperio que tu tienes coñoetumadre los terrenos de aladdin san diego tu hermana tambien embargo eso que viajas mucho es porque eres pargo en el pechinenda en valencia zona norte mas de una vez te vieron salir con tipos incluso peloteros del magallanes tu vida es asquerosa mamaguebo no me gustaria estar en tu puto pellejo la unica que lloro y que se merece respeto es tu mama, todos ustedes son unos miserables que se quemaran en las pailas del infierno. te acuerdas de la gorra pitt año 79...ya sabes quien soy !!......dale saludos a la puta de tu hermana y al marihuanero de juan jose ahora me cuentas una de baqueros grupo fernandez y asoc nojoda sera grupo de traficantes y mafiosos vives donde vives gracias a los pobres viejitos que tu papa dejo en la calle pero acuerdate de lo que te digo todo aqui se paga tarde o temprano y si no sera alla en el cielo donde tendras que rendir cuentas ante Dios incluso tu hermana que por 36 mil bolivares hiba con los camiones a embargar todo, la perra sucia esa que le daba culo a un juez en valencia y bastante se lo tiraba en los hoteles en las suites que ustedes mismos fabricaron dan asco