sábado, 25 de agosto de 2007

JACQUES BRAUNSTEIN o el fervor por el jazz


El programa radial El idioma del jazz, conducido por Jacques Braunstein, arriba este primero de julio a los 47 años en el aire, tiempo récord en la historia de los medios audiovisuales en el país. Sensible, erudito, virtuoso de la palabra, este reconocido maestro de las ondas hertzianas ha sembrado entre músicos y oyentes comunes una pasión que no tiene ya vuelta atrás. El jazz y sus caleidoscópicos matices se muestran en tres emisoras, semana a semana, de la mano de quien ha hecho del jazz una forma de respirar, un recuerdo, una esperanza, una manera de atisbar el mundo


Bajo las cobijas los niños suelen imaginar infinitos mundos. Son ellas maravillosos pasadizos o temibles covachas a través de las que se cuelan los más descampados sueños y pesadillas. Jacques Braunstein sabía ya, a los siete años de edad, que sólo bajo el cálido abrazo de sus cobijas podía huir de su natal y entonces convulsa Bucarest. En 1938 la alianza de Rumania con Alemania prohibía escuchar emisoras del extranjero, sobre todo aquellas que solían dar los partes de la avanzada nazi. Poca gente tenía aparatos de radio, que debían ser registrados en el Ministerio de Asuntos Interiores y por los cuales se pagaba un impuesto. "Pero yo descubrí el mundo que estaba más allá de las fronteras de Rumania a través de una pequeña radio de onda corta que me regalaron en mi séptimo cumpleaños”, recuerda Braunstein. “Escuchaba todas las noches, escondido bajo la cobija. Ponía el dedito atrás para hacer antena, la BBC de Londres y muchas veces tuve la suerte de escuchar programas musicales. En medio de la oscuridad y en secreto, oí música muy buena y eso fomentó en mí el gusto por el jazz".
Para Jacques Braunstein los desvaríos de la preguerra eran noticia, pero no así la música, materia sobre la que se deslizaba con comodidad desde la más tierna edad: "Mi papá se ocupó de brindarme la gran felicidad de conocer la música, no sólo el jazz, pero también el jazz. Todos los domingos me llevaba a un concierto, a la ópera, incluso durante la guerra. Poco a poco fui escuchando música en la casa. Para nosotros, en ese entonces, la mayor felicidad era poder comprar discos. A mi papá le encantaba fundamentalmente las canciones, las operetas, Schubert, Strauss, óperas vienesas, porque él era vienés".
Braunstein se identificó con el jazz desde que lo escuchó por primera vez, interpretado por una orquesta rumana, cuyo baterista hacía alarde de muchas acrobacias y un estilo muy demostrativo. "Después tuve oportunidad de escuchar otros estilos de jazz. Pero nada podía entonces hacerme imaginar que tendría por tantos años un programa de radio al otro lado del océano".
Por una serie de incidentes familiares, tras la guerra, la familia Braunstein —de la que Jacques fue hijo único— tuvo la oportunidad de repatriarse a Austria: "Allí supe que había cierto movimiento jazzístico, aunque los conciertos me estaban vetados debido a nuestra situación económica. Cuando salimos de Rumania tuvimos que dejar atrás casi todas nuestras pertenencias y entre ellas mi pequeña colección de jazz y la vitrola en la que escuchaba mi música".
Después de casi un año de residencia en Viena el padre decidió emigrar a Río de Janeiro, en Brasil, donde ya vivía su hermano menor: "Allí me sorprendió muchísimo que no hubiera un movimiento jazzístico, pero encontré con que había un grupo de brasileños a los que les gustaba el jazz y se reunían para tocarlo de manera informal. En ese momento visitó Brasil Stan Kenton y se formó un club de admiradores, al que yo pertenecía. Ahí escuchábamos discos, charlas sobre el jazz y algunos se sorprendían del conocimiento que yo tenía de la materia".

Pinitos en serio

Los primeros pasos de Jacques Braunstein en la radio se dieron casi por casualidad: "Había un programa de jazz en Radio Globo, en Río, y su comentarista, que apenas me conocía, tuvo que salir de vacaciones y me pidió que hiciera su programa por dos semanas. Yo me sentí honradísimo. Además me puso a disposición la discoteca de la emisora. Yo tenía entonces 17 años".
A los 20 años, Braunstein trabajaba y estudiaba Economía por las noches. Y jugaba fútbol –su otra pasión de juventud– para el archifamoso equipo Bota Fogo. "Yo estaba loco por ver los partidos del Mundial de 1950, pero no tenía dinero para ello. Entonces se me ocurrió acercarme a la Federación Brasileña de Fútbol y les dije que yo era periodista y narrador deportivo. ¡Mentira, yo no era ninguna de las dos cosas! Les sugerí que si necesitaban a alguien estaba a la orden. Y, justamente, Radio Minas de Gerais necesitaba ayuda porque el locutor asignado había tenido un percance. Me dieron las credenciales de locutor de la emisora y trabajé en la transmisión de todos los partidos, incluso del famoso campeonato final en el Maracaná, cuando los brasileños perdimos —digo perdimos porque en materia de fútbol soy brasileño— en nuestro propio terreno y en el último minuto, frente a Uruguay. Aquello fue una final trágica, hubo muertos, infartados. Yo vi gente mayor llorar. Fue asunto de luto nacional˝.
Al año siguiente del Maracanazo, Braunstein llega a Venezuela: "La informalidad brasileña no terminaba de gustarme. El venezolano, en cambio, era muy educado y muy cumplido en aquel entonces. Mi primer trabajo fue en la aerolínea KLM como promotor de ventas, donde estuve ocho años. Luego me fui a trabajar con Alitalia, donde a los 28 años fui gerente de ventas para Venezuela y el Caribe. Después entré en el área de la publicidad, en la que sigo inmerso hasta el día de hoy".

El otro frente
Quienes conocen la particular voz de Jacques Braunstein –melodiosa, dulcemente extranjera, sosegada–, pocas veces imaginan su exitosa carrera publicitaria, que ha desarrollado a la par –en éxito y entusiasmo– que la de conductor radial. Braunstein ha sido director y socio de varias agencias publicitarias. Es cofundador de la Asociación Internacional de Publicidad, IAA, capítulo de Venezuela, así como ex director mundial y vicepresidente de la secretaría latinoamericana de esa organización, y fue director de la Fundación Artevisión de la Universidad Simón Bolívar, vicepresidente de la Federación Venezolana de Bridge, presidente fundador del Caracas Jazz Club y presidente del Rotary Club de Chacao. Su otra gran vocación, la gastronomía, lo ha llevado a ser director de relaciones públicas e información de la Chaine des Rotisseurs. Entre otras distinciones, ha recibido la de Hombre del Año de la Publicidad en Venezuela 1989, la Orden Francisco de Miranda en su Primera Clase, la Orden al Mérito al Trabajo en su Primera Clase y el Botón de Oro de la Federación Venezolana de Agencias Publicitarias. En su despacho cuelgan con orgullo placas y diplomas al mérito otorgados por la IAA, la Universidad Hebrea de Jerusalén, el Rotary Club Internacional, el Ministerio de Justicia y la Emisora Cultural de Caracas.
La faceta académica de Braunstein es poco conocida: economista y químico, ha sido catedrático de Mercadeo y Publicidad Internacional en las facultades de Ciencia Económicas y Sociales, y en los postgrados en Comercio Exterior de la Escuela de Estudios Internacionales y en Administración de la UCV.

Ante todo el jazz
La semana de Jacques Braunstein es agitada. Además de los múltiples compromisos impuestos por su agenda publicitaria graba sus programas en las emisoras Jazz 95.5 FM los jueves a las 3 pm; en Radio Nacional los viernes a las 3 pm; y en la Emisora Cultural de Caracas, un sábado sí y un sábado no, a las 9:30 am. Todo eso sin contar el tiempo que dedica a la travesura lúdica: el bridge, que practica de manera profesional y entre amigos.
La producción de El idioma del jazz no le quita ya mucho tiempo. "Más bien nada", dice él, con modestia. La totalidad de la música que se escucha en su programa sale de su discoteca personal, que a ojo de buen cubero tiene unos 27 mil ejemplares, entre discos de vinil y discos compactos. "Actualizarme es mi principal vicio. Yo no fumo, bebo socialmente, pero compro discos en exorbitante cantidad. Claro, también algunas disqueras norteamericanas, que me aprecian mucho, me regalan algunos discos".
El programa radial que ha hecho tan estimado a Braunstein se estrenó en el aire el 1º de de julio de 1955. "Yo conocía a un señor llamado Tomas Copell, de origen húngaro, a quien le gustaba también mucho el jazz”, recuerda. “Este señor me dijo una vez que con los conocimientos y los discos que yo tenía debería empezar un programa de radio. Yo le respondí que lo haría con mucho gusto pero que el tiempo de la radio costaba mucho y que necesitaría patrocinantes. El mencionó entonces que me patrocinaría el programa por tres meses. Y así fue. Comencé en Radio Libertador, que estaba en la esquina de Cipreses y pertenecía al Circuito Raidi. Después pasé a otras emisoras, como Radio Rumbos. En el tiempo de la moda del bossa nova hice un programa sobre la música popular brasileña en Radio Caracas Radio y en 97.7 FM".
Es una osadía y un milagro mantener un espacio radial por 47 años, no sólo aquí, en Venezuela: "Sé de un programa que tenía más años que el mío, el de Willys Connover en La Voz de los Estados Unidos de Norteamérica, cuya sintonía está calculada en 20 millones de oyentes diariamente. Yo, a través de los años, sé que he sembrado una semilla muy importante para el jazz, la cual ha dado sus frutos. Hoy hay mucha más gente interesada en el jazz. Han sido 47 años de una aventura maravillosa en la que he podido compartir mi gusto con mucha gente. Además, la música me da una gran felicidad".
En estos rítmicos 47 años Braunstein se ha codeado con las luminarias del pentagrama jazzístico mundial. Él mismo, como empresario del espectáculo, ha brindado a los venezolanos la dicha de escuchar en vivo a más de 300 de esos músicos, entre ellos Tito Puente, Chick Corea, Bill Evans, la Orquesta de Woody Herman, el guitarrista Charlie Byrd.

El fin de una carrera
La erudición de Braunstein está cargada de una impresionante vitalidad, de ahí su incomparable capacidad de explicar la música desde el alma: "El jazz ha cambiado desde 1955 y sigue cambiando cada día, porque el jazz es la música del intérprete y la improvisación. Yo he tenido el conocimiento prácticamente desde los inicios del jazz. Tuve la dicha de conocer personalmente a Louis Armstrong, Duke Ellington y Count Basie. Después de la Segunda Guerra Mundial se inició una revolución en el jazz con el advenimiento del be bop, creado por Charlie Parker y Dizzy Gillespie. A ese último lo traje yo a Venezuela junto a Paquito de Rivera".
Pese a las seducciones de la música clásica y los ritmos de moda, Braunstein siempre estuvo claro qué era lo suyo: "En mi infancia mi madre, como buena madre judía, me obligaba a estudiar violín, ella quería que fuera un gran violinista, cuando yo lo que quería era jugar fútbol. De la música clásica y académica me gustan algunos periodos, pero mi amor ha sido y sigue siendo el jazz".
De aquella incipiente carrera de violinista sólo quedan anécdotas y unos dedos ligeros que se deslizan con la misma destreza y gracia entre barajas y discos: "Yo era uno de las más jóvenes del conservatorio de Bucarest. Tenía un maestro extraordinario que amaba a los niños y que era feliz enseñando. Cuando el maestro falleció tuve clases en la casa, porque ya empezaban los brotes de antisemitismo y mamá no quería que fuera al conservatorio. Tuve incontables profesores hasta que en un concierto mi mamá convenció a la violinista de que me diera clase. Era una señora muy cariñosa, pero con una halitosis espantosa. Y esa señora, que no tenía hijos, quería besarme, apurruñarme. Yo odiaba que hiciera eso. Sin embargo, las clases siguieron y llegó el momento en que tuve que preparar un concierto para la ocasión de mi Bar Mitzva. Pero una semana antes llegaron los llamados bombardeos libertadores y se acabó todo y no tuve que tocar el concierto. Fue un gran alivio, el fin de la guerra y de mi carrera como violinista".

©Jacqueline Goldberg
Publicado en El Nacional en 2002.